Zumbido. Silencio. Las letras toman una forma extraña, precaria, al paso tímido del lápiz por el papel. Pero mis venas reconocen ese ritmo de la sangre corriendo. Pero mi cuerpo reconoce esa lucha con el alma pidiéndole escapar en esta noche dorada, reconoce esas ganas que trae de irse otra vez, hacia quizás dónde, y sin saber a qué.
