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Árbola


Calmarás las penas encerrada en el dolor, y colmaras de abrazos los cuerpos caídos, para que te sigan diciendo que eres parte de ellos y no podrás. Te Tirarás sobre tu cama y te acurrucarás y pensarás que todo lo que te dije fue mentira, y querrás que sea mentira, pero luego, te taparás los oídos, y gritarás tan fuerte, que todo lo que te rodea se romperá en mil pedazos. Buscarás en tu mesa de noche, en el mueble donde guardas tus libros, angustiada, agitada, asqueada, en la mesita del lado, entre el desorden –
- Sé que la deje entre estas cosas – pensarás -
Revolverás todo, como un huracán desatado, sin importar que haya al frente tuyo. Mirarás a tu alrededor, y tu cara se iluminara cuando pienses – ¡El Baño!, tiene que estar en el baño. - Correrás por el pasillo, entrarás al baño, turbada, y abrirás apurada la repisa. Tirarás todo, algodón, alcohol, desodorantes a medio acabar y colonias sin usar. Y al fin un suspiro llamará a la calma, y las tomarás. Levantarás tu pierna sobre el borde de la tina, y sentirás como su suave filo se hunde en tu tersa piel, liberándote de todo, haciéndote sentir, lo que el mundo no quiere que sientas, haciéndote parir todo el desconsuelo. Y aliviada respiraras, mientras verás un chorrito de sangre resbalar por tu pierna. Y verás más de alguna marca en tu desnuda piel. Cada una un dolor, cada una un amor, como los amores y desamores que marcan las parejas en los árboles, pero que ya no son, y que solo dejarán grabada una huella de dolor en sus resignados troncos.
Tú ya no eres tú. Tu solo eres un árbol. Ya no quiero que seas un árbol.

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